domingo, 19 de agosto de 2007

EL CUMPLEAÑOS DE REX pag-1


-¡Armando! ¡Armando!

-¡Eh!... ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy?

-¿Dónde estás? ¿Acaso no reconoces tu casa? ¿Y por qué yaces en el piso?

-¡Ah! ¿Eres tú Longina? Por favor, no preguntes nada... Me duele la cabeza. Será mejor que me ayudes a levantar. Tengo todo el cuerpo adolorido.

Las tiernas manos de la joven rubia cogieron por las axilas a Armando, quién, aún atolondrado, se apoyó en su hombro. Él miró unas huellas fangosas y se levantó con dificultad. El rastro del fango se extendía desde la sala al cuarto. Eran enormes pisadas que se entrecruzaban en ambas direcciones, llegando hasta el lugar donde ella lo encontró.

Armando sacudió la pesada cabeza y, fallando en sus intentos de entender lo ocurrido, se dirigió al baño.

La cara de Longina era un contraste de pasiones, pues a la sonrisa reconciliadora se unía ahora el asombro de sus ojos. Para mayor preocupación, notó que Armando tenía un chichón en su nuca.


Al echar a andar, sacudió su cabellera mientras pensaba: "¿Qué habrá pasado aquí?"

Armando abrió maquinalmente el grifo. Mientras seguía con la vista el chorro de agua, su cerebro buscaba febrilmente una explicación: "¿Quizás todo fue una pesadilla provocada por lo ocurrido ayer? Parece que sí, estoy en casa. Pero...

-¡Oh! ¡Maldición!

Al inclinarse le había vuelto a doler la nuca. Instintivamente colocó la mano libre sobre el chichón. Pero, esto hizo que la punzada se repitiera. Sus angustiados ojos se alzaron, buscando una respuesta en el espejo; más sólo encontraron otro enigma: una costra de sangre coagulada rodeaba una fresca herida en su mejilla derecha. Lo más asombroso no era que apareciera allí, donde ayer no tenía ninguna, sino que no dolía y estaba totalmente cicatrizada.

No hay comentarios: