-¡Sólo quería invitarlo a festejar mi cumpleaños! ¡Sí, ya sé que no debía hacerlo! Perdóname mamá, te prometo que no ocurrirá más - Y, abochornado, ocultó el pequeño hocico entre sus extremidades superiores.
-No le pelees más Arax, creo que es suficiente con el susto que ha pasado... De seguro que tuvo tiempo de sobra para arrepentirse de lo hecho, cuando, estando sólo en la nave, tuvo que hacerse cargo de su defensa. Aunque no cejó en su empeño de comunicarse con los Tsames, miles de veces. Mira lo pálido que aun está.
Arax suspiró, mientras que desinfectaba sus extremidades inferiores, antes de bañarse. Movió compungida el hocico y dijo:
-Es posible, Torex, pero él está muy crecidito ya para haber cometido esas dos faltas: primero demostró no saber que no se puede cazar a un Luano como si fuera un Chuam, y después, por poco rompe el ixtarom. Siempre hay que tener en cuenta que los Luanes son seres inteligentes y, por consiguiente, dueños de sus actos. Además, ¿qué hubiera sido de nosotros si los Tsemes no le hubieran creído? Si eso vuelve a ocurrir, no saldremos tan bien parados... Y, para que no se repita, lo mejor será que dejemos a un lado nuestras costumbres y antes de tiempo le quitemos el derecho de actuar libremente en la nave - dijo Arax.- ¿Vienes conmigo? Ya me voy al baño.
-Sí, Vamos... Castigarlo así sería actuar demasiado severo, recuerda que se trata de la prueba de madurez. Además, puede influir negativamente en su educación cosmonáutica. Mejor continuemos la prueba en el planeta rojo y...
...Como los adultos se alejaban conversando entre sí, no vieron que el pequeño Rex, rendido por el cansancio y los sobresaltos, resbalaba sobre el piso frió metálico, durmiéndose plácidamente en un rincón...
...Longina terminó de tomarse el refresco y puso el vaso sobre la mesita. Hacía rato que Armando había terminado su narración y ahora miraba ensimismado a un punto en la pared que tenía enfrente. Ella se apartó el mechón que cayera sobre sus ojos. Luego cogió una mano de Armando y la haló suavemente, haciendo que este la mirara.
-Dime, Armando... ¿Cómo crees tú que ellos dieron con tu casa? Además, ¿Qué querían de ti?
-Yo diera cualquier cosa por responder a esas y a otras preguntas. Pero, por lo visto nunca sabremos lo que pasó realmente aquella noche...



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