Pero no tuvo tiempo de ver nada. Mientras su vista escudriñaba la oscuridad, un fogonazo venido del cielo, se acercó a él. Todo volvió a iluminarse y sintió un súbito dolor en su mejilla derecha. De nuevo perdió la noción de lo que lo rodeaba...
...Menos mal que terminó en un encuentro sin importancia. La única pérdida fueron los calzados del traje espacial de su mamá, se le habían caído, cuando trataba de huir, disparando con el lanza-rayos... Él tuvo la buena idea de comunicarse a tiempo con los Tsames. Llorando, les explicó que la culpa era suya, que sus padres sólo trataban de ayudar al Luano y pidió que le perdonaran. Al parecer, los Tsames comprendieron, al oír su voz, que se trataba de un pequeño Porata. No sólo le perdonaron la trastada, sino que dejando de disparar, se alejaron, permitiendo que sus padres curaran al Luano herido...
...Ellos lo llevaron al cubículo médico de la nave y le dieron los primeros auxilios, los más elementales. Pues, al no conocer bien la anatomía del Luano, temían que empeorara su estado si utilizaban a fondo la medicina de Porat. Luego sondearon el cerebro del Luano, para poder librarse de él lo antes posible.
Cuando conocieron su dirección, Torex y Arax bajaron al planeta con el Luano a cuestas. Pero, al llegar a su casa, Arax estaba tan cansada por la carga y por andar cojeando, por la falta de calzado, que tuvieron que dejar al herido en el suelo, mientras Torex forzaba el cerrojo de la puerta. Poco descansó ella, pues en unos minutos Torex abrió la puerta. El avanzó primero, cargando con el mayor peso posible del cuerpo inconsciente. Arax, que había enfangado sus extremidades, dejaba un rastro de fango. Cuando ellos se retiraron, la puerta de la calle se quedó abierta. Era lo único que podían hacer por el ser inconsciente, eso llamaría la atención del primero que lo viera...
...Pasado el susto, vinieron los regaños:
- ¿Por qué lo hiciste, Rex? ¿Acaso no sabes que a los Luanes no se pueden cazar, como si fueran Chuam?



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