Entonces, atacaron los Tsames. Ellos habían advertido que ninguna nave de Porat podía descender a Luán, el planeta azul.
El Luano se ahogaba...
-Todo eso es demasiado fantástico. ¿No crees Armando?
-Ves como te parece mentira, por eso, yo dudaba en contártelo... Pero hay una prueba de que es verdad lo que te digo.
-¿Una prueba? ¿Cuál es?
- ¿Te fijaste en las huellas que habían en el piso de mi casa?
- Sí.
- ¿A qué se parecían?
- No sé... Eran unos rastros grandes de fango, como el que dejarían hormigas gigantes.
-¡Hormigas? ¡Ratones! Sí, enormes ratones con movimientos rápidos, concisos... inteligentes. ¿Acaso no es fantástico! -¿Serán tan inteligentes, como nosotros?
- Sí. Es poco lo que queda por contarte, pero te diré que los vi tan cerca de mí, como lo estás tú ahora.
...Una sacudida, otra más y un rayo de luz hiere sus párpados, sacándolo del letargo y haciéndolo vomitar agua de mar. Entonces los pudo ver bien claro, a la luz de los relámpagos. Eran dos ratones de grandes proporciones. Uno lo sostenía por los pies con una de sus extremidades superiores, mientras con la otra alzaba un objeto plateado que lanzaba rayos al cielo.
Al otro lo notó sólo cuando intentó moverse, lo sostenía por los hombros. El cuerpo de este ratón tapaba



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