Absorto en sus tristes pensamientos, alzó por casualidad la vista y notó un destello luminoso sobre su cabeza. No le dio importancia. "Una estrella fugaz" -pensó.
Pero pronto salió de su error. El punto luminoso no se perdió en el firmamento, sino que empezó a caer vertiginosamente sobre él.
El asombro de Armando aumentó, cuando vio en el centro de aquella hoguera volante un objeto redondo, de cuyo interior brotaba una especie de manguera ancha. El gigantesco tubo se desenrollaba a medida que se acercaba.
Esa extraña serpentina, de un azul fosforescente, se desenroscó totalmente y continuó su descenso oscilante. De pronto, se estiró, vibrando como una cuerda tensa y dirigió su extremo inferior hacia Armando.
El joven pelinegro sintió que empezaba a perder peso, aquello lo atraía como el imán al hierro. Instintivamente, echó a correr, o al menos eso intentó, pero sus piernas se batieron inútilmente en el aire, mientras su cuerpo penetraba en la especie de embudo.
Un sudor frío lo cubrió y el miedo se adueñó de él...
...Rex había ordenado telepáticamente al cerebro rector de la nave, que el ixtarom absorbiera a bordo al Luano. Pero, el peso del Luano era superior al que podía contrarrestar el pequeño motor antigravitacional del ixtarom.
Al perder el control sobre este sistema de la nave, el cerebro electrónico hizo sonar la señal de alarma.
Entonces, sus padres se despertaron sobresaltados y corrieron a la sala de mandos, para observar por el extrovisor lo que había hecho el pequeño.
Parecía ser muy tarde para salvar al ser aquél, sin embargo el papá lo intentó; se puso el cinturón antigravitacional por encima de su traje espacial y, haciéndolo funcionar, se lanzó por el ixtarom. Pero, antes que el cinturón refrenara del todo la caída, ambos cuerpos chocaron...



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